Cambios grandes en la dinámica de poder en el Medio Oriente

Las últimas semanas han dado pie a una situación muy volátil en el medio oriente, en particular en lo que concierne a Arabia Saudita, Líbano, Irán, Siria e Israel, lo cual implica posibles cambios no solo para la región, sino que también tiene implicaciones más amplias en cuanto a las alianzas geopolíticas con las potencias económicas más poderosas del mundo.

Dada la cantidad de sucesos vinculados a estos cambios y la rapidez con la que se continúa desenvolviendo la situación sería prudente recordar que, a grandes rasgos, el conflicto en la región ocurre a consecuencia de hostilidades entre grupos suníes y chiitas. Esto, históricamente, ha dado pie a una serie de conflictos por proxy entre Arabia Saudita e Irán y sus respectivos aliados.

Adicionalmente, un actor importante en este conflicto geopolítico es Israel. A pesar de ser enemigo histórico tanto de Arabia Saudita como de Irán, Israel ha optado por cooperar con Arabia Saudita ya que ambos intentan evitar que Irán expanda su influencia militar en Siria. Esta decisión posiblemente está basada en la muy real amenaza de que Hezbollah -proxy de Irán en Líbano- representa para la supervivencia de Israel.

Es verdad que, dentro de la larga serie de conflictos que involucran a estos tres grupos, uno de los más recientes y relevantes a la discusión es la guerra civil en Siria. En este país los grupos rebeldes suníes, incluyendo el Estado Islámico, son apoyados por Arabia Saudita y sus aliados y tienen como objetivo destronar al gobierno chiita de Bashar al-Assad, aliado de Irán.

De manera similar, Yemen también es afectada por una guerra civil donde rebeldes chiitas con apoyo de Irán tratan de quitar del poder al gobierno sunita que es apoyado por Arabia Saudita y sus aliados.

Dado que el conflicto en Siria da indicaciones de haber resultado en una victoria para el gobierno de Bashar al-Assad, y el hecho de que la intervención saudí en Yemen ha resultado en un fracaso, implica una derrota estratégica tanto para Arabia Saudita como para Israel, y es muy posible que sea a consecuencia de esto que se ha desencadenado una serie de movimientos políticos de gran importancia en la región.

La situación en Arabia Saudita

En Arabia Saudita, el príncipe Mohammad bin-Salman llevo a cabo un “operativo anticorrupción” que ha resultado en el arresto de varias figuras prominentes en las esferas políticas, empresariales y clericales, de tal manera que hasta 800 miles de millones de dólares pueden ser confiscados por el gobierno saudí.

El príncipe Mohammad bin-Salman es el gobernante de facto de Arabia Saudita y varios analistas han notado que esto no es un operativo anticorrupción, sino que el príncipe está consolidando su posición como líder absoluto del país como parte de una campaña más amplia en contra de miembros del régimen y voces prominentes que puedan amenazar la visión que el príncipe tiene para el futuro de su país.

Parte de los planes a futuro que tiene el príncipe saudí involucra cambiar cómo funciona la economía de Arabia Saudita. Arabia Saudita es uno de los estados benefactores más generosos del mundo debido a sus muy altas ganancias como exportador de crudo, pero esto no puede continuar por siempre: dado el crecimiento de población, las limitadas ganancias por exportaciones Arabia y la baja de precios, el reino se ve económicamente presionado a realizar cambios.

El problema que tiene el gobierno de Arabia Saudita en implementar estos cambios es que quitar beneficios sociales ya existentes a una población tiende a ser una decisión poco popular, lo que explicaría por qué el príncipe intenta consolidar su poder y evitar oposición a sus nuevas políticas.

Adicionalmente, y de manera más significativa, las relaciones entre Arabia Saudita y Estados Unidos han visto un deterioro en los últimos años. Durante varias años ambos países mantuvieron un acuerdo secreto que le permitía a los saudís vender crudo al importador más grande de éste con el beneficio agregado de protección militar.

Este acuerdo se mantuvo en secreto dado que el reino saudí no tenía en sus mejores intereses que sus vecinos estuvieran enterados de que existía una alianza tan significativa con Estados Unidos debido al riesgo político de asociarse con un aliado de Israel después de la guerra de Yom Kippur en 1973.

Con la llegada al trono del rey Salman en 2015 las relaciones entre Arabia Saudita y el entonces gobierno de Obama se vieron afectadas y, cuando se toma en consideración el fracaso estratégico en Siria y Yemen, explica por qué el gobierno saudí ahora busca formar nexos con el rival económico de EE.UU. : China.

En Marzo de 2017 el rey Salman visitó Beijing acompañado de un séquito compuesto de representantes de una amplia gama de industrias -desde industria energética hasta aeroespacial- para firmar acuerdos con un valor estimado de hasta 65 miles de millones de dólares. Es relevante señalar que el rey Salman le dijo al presidente Xi Jinping que esperaba que China jugara un papel más importante en asuntos del medio oriente.

A poco tiempo de esta visita, en mayo 2017, Trump viajó a Arabia Saudita y firmó un acuerdo de 110 miles de millones entre EE. UU. y el reino saudí. Este acuerdo, sin embargo,  no fue impedimento para que en agosto se firmara otro acuerdo, con un valor estimado  de 70 mil millones de dólares, entre Arabia Saudita y China que formalizó de manera más robusta la cooperación entre ambos países, indicando un cambio en el esquema de alianzas en el Medio Oriente.

En contraste a la mejora de relaciones entre Arabia Saudita y China, las relaciones entre el reino saudí y Líbano se han deteriorado rápidamente y esto ha llevo a un incremento de tensiones militares en la región.

 

 

La situación en Líbano

El gobierno de Líbano se encuentra en un predicamento grave debido a una serie de eventos que comenzaron a principios de mes que están vinculados tanto con su relación con Irán como con las ambiciones políticas del gobierno saudí.

El 4 de noviembre el Primer Ministro libanés, Saad Hariri, renunció a su cargo por medio de una transmisión televisada desde la capital saudí en Riyadh -en la cual expresó su inconformidad con la influencia iraní en Líbano y su miedo a ser asesinado-. Esta noticia tomó por sorpresa a todo el gobierno libanés, incluyendo a sus asistentes más cercanos, razón por la que el gobierno libanés cree que Hariri fue obligado a renunciar y está bajo arresto en Arabia Saudita. No obstante, Hariri no ha hecho comentarios adicionales y el gobierno saudí insiste que Hariri no está bajo arresto. Es importante recordar que la renuncia de Hariri ocurrió durante el “operativo anticorrupción” en Arabia Saudita donde han sido arrestados funcionarios de alto nivel.

A pocos días después de la renuncia de Hariri, y tras haber interceptado un misil proveniente de Yemen sobre la capital saudí, Arabia Saudita declaró que Líbano les ha declarado la guerra debido a “agresiones” por parte de Hezbollah. De manera similar en Líbano, el líder de Hezbollah declaró, mediante un comunicado, que “Arabia Saudita ha declarado guerra contra Líbano y Hezbollah”. Aunque a la fecha ninguno de los dos países ha declarado guerra en contra del otro, estas declaraciones ofrecen un indicativo de la hostilidad en la región.

De manera similar, las hostilidades con Israel también han incrementado. Dada la alianza entre Israel y Arabia Saudita para combatir influencias iraníes en la región, refiriéndose en particular a Hezbollah.

Las tensiones son altas, pero es poco probable que Israel invada Líbano o viceversa en el corto plazo, debido al gran costo que una guerra implicaría para ambos países. Lo que permanece claro es que el gobierno saudí continúa actuando de manera muy proactiva para enfrentar a su rival y este será un momento clave en la historia geopolítica de la región

Algo que es cierto es que, los cambios iniciados por el reino saudí al distanciarse de Estados Unidos y acercarse a China pueden impactar de manera significativa el balance de poder en la zona, pero conllevan un gran riesgo para Arabia Saudita.

Una alianza más fuerte con China puede ser muy benéfica para Arabia Saudita desde un punto de vista estratégico: China cooperó con Rusia y el gobierno sirio para mantener a Bashar al-Assad en el poder, por lo que una alianza con ellos es equivalente a remover un adversario en potencia en caso de que se dé una situación similar.

Otro factor que considerar es la posición en la que esto deja la influencia de Estados Unidos en la región: perder a Arabia Saudita como aliado disminuye de manera significativa la influencia que Estados Unidos puede mantener en la región. Dado su alianza con Israel, la cooperación con otros países árabes puede complicarse al perder el apoyo del reino saudí, agregando una barrera adicional para resolver un conflicto de 16 años. Esto claramente va en contra de intereses estadounidenses en la región, por lo que ya se declaró la intención de mantener bases militares en Siria en el largo plazo.

La situación permanece volátil y es difícil predecir exactamente como se desarrollará la situación o de qué manera se establecerán futuras alianzas geopolíticas en la zona. Lo que sí es seguro es que una escalada militar no solo afectaría la región, sino que también tendía un impacto importante en los mercados mundiales, ya que históricamente una crisis en la zona lleva a un incremento en los precios del petróleo y esto afecta principalmente a los países en desarrollo.