Tras cárcel, vuelve Antonio Ledezma a arresto domiciliario

Hace unos días Antonio Ledezma, ex alcalde metropolitano de Caracas, Venezuela y opositor venezolano, fue encarcelado y posteriormente reubicado en su vivienda para continuar en arresto domiciliario. De acuerdo con información de Mitzy Capriles, esposa del ex funcionario venezolano, la madrugada del martes -2 de agosto-, Ledezma y el también líder de la oposición, Leopoldo López, fueron sacados de sus casas –donde cumplían con el arresto domiciliario- por agentes del Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN).

Horas después de los incidentes, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) publicó en su cuenta de Facebook un comunicado en el que señaló que las medidas aplicadas a Ledezma y a López se revocaron “una vez verificado el incumplimiento de las condiciones impuestas.” También, mencionaron que “se recibieron por fuentes de inteligencia oficial, información que daban cuenta de un plan de fuga de dichos ciudadanos.” Adicionalmente, las autoridades destacaron que los opositores no debían realizar ningún tipo de proselitismo político y que tenían la obligación de abstenerse de emitir declaraciones ante cualquier medio. Sin embargo, sus abogados subrayaron que “de ninguna manera” las declaraciones de los políticos opositores en las redes sociales violaron las restricciones del arresto domiciliario.

Los presos políticos en Venezuela

El pasado viernes, al anunciar que Ledezma regresaba al arresto domiciliario, su esposa escribió en Twitter: “Antonio dijo al entrar al apartamento que retorna con la angustia de que Leopoldo y más de 600 presos políticos siguen tras las rejas.” Sería importante resaltar que, Antonio Ledezma permanece en espera de una sentencia tras ser arrestado en 2015, acusado de conspiración para derrocar el gobierno de Nicolás Maduro. Por lo mismo, el ex alcalde cumplía su arresto en su hogar debido a problemas de salud.

Por su parte, Leopoldo López cumple con una condena de 14 años de cárcel, acusado de incitar a la violencia en las protestas de 2014 contra el gobierno venezolano. De este modo, desde el pasado 8 de julio se le había concedido arresto domiciliario –después de pasar casi tres años en la prisión militar de Ramo Verde en Caracas, Venezuela-.

Es verdad que, la detención de miembros de la clase política opositora al gobierno del presidente Nicolás Maduro no es, sino una muestra de la completa ausencia de un Estado de derecho, de una separación de poderes y de la inexistencia de un régimen democrático.

De acuerdo con esto, sería importante aclarar que en Venezuela sí hay presos políticos. Todos los presos políticos tienen en común haber sido detenidos arbitrariamente e injustamente, condenados con sentencias consideradas como improcedentes al no existir un debido proceso legal, por la violación de normas civiles, penales, procesales y por la violación de los Tratados y Convenciones internacionales de Derechos Humanos.

Más aun, esta situación forma parte de un distanciamiento de la democracia. Esto se nota claramente en las cárceles donde constantemente aumenta la cantidad de presos políticos. Entre los reconocidos opositores de Maduro que se encuentran encarcelados, se encuentran académicos que han expresado su reprobación y periodistas que tan solo realizaban su trabajo al ser detenidos. Según Foro Penal –una organización de derechos humanos que registra los arrestos políticos en el país-, hoy en día se calcula que existen alrededor de 114 presos políticos en Venezuela, comparado con el año pasado en que habían 89. De acuerdo con la organización, desde el momento en que Maduro tomó el poder en 2013, el gobierno ha encarcelado a 433 personas y se han efectuado 6 mil 893 arrestos por motivos políticos.

Aún cuando ha habido una reacción por parte de la comunidad internacional –miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) han redactado un documento conjunto en el que se le pide al gobierno venezolano que libere a los presos políticos como un paso hacia la restauración de las normas democráticas-. Es evidente que, los sucesos de la semana pasada en Venezuela representan un paso más hacia una cultura del miedo que se ha manejado en el país. Por lo mismo, sería necesario que la comunidad internacional no solo alzara la voz para reprobar este comportamiento, sino que es fundamental que las instancias gubernamentales internacionales busquen una manera pacífica de fortalecer y eficientar la defensa de la libertad y el derecho en este país de manera urgente.