¿“En 32 años no aprendimos un carajo”?

Recientemente, algunos medios de comunicación se han aprovechado de la contingencia para dar pie al amarillismo y la crítica destructiva hacia el gobierno. Artículos viralizados a través de las redes sociales con titulares “10 veces más débil que el de 1985” comparan los daños causados por el sismo del pasado 19 de septiembre y los daños causados hace más de 32 años, afirmando que a pesar de ser un sismo de mucha menor intensidad los daños causados son enormes por la incompetencia y corrupción del gobierno. Sin embargo, muchas de las afirmaciones hechas parecen infundadas o al menos exageradas, por lo que el equipo de BAnalytics se dio a la tarea de analizarlas para averiguar si, efectivamente, lo que afirman en ese artículo es cierto.

1.- Intensidad de los sismos (Verdad a medias)

El artículo comienza explicando que la “escala sísmica de Richter” es logarítmica (base 10), y no lineal. Esto significa que un terremoto de 8.1 grados tiene una magnitud 10 veces mayor que uno de 7.1. Sin embargo, no toma en consideración la distancia del epicentro a la Ciudad de México. En el 85, el epicentro fue en el Pacífico, a 350 km de distancia, mientras que el del martes pasado fue a 140 kilómetros, y este factor, evidentemente, también determina la intensidad del sismo y los daños que causa. Prueba de ello, es que el sismo del 7 de septiembre, ocurrido a 700 kilómetros fue de 8.2 grados (de mayor intensidad que el de 1985), pero los daños causados en CDMX fueron mínimos en aquella ocasión. Si lo que afirma la nota fuera cierto, los daños hubieran sido igual de catastróficos.

2.- Un sismo diez veces menor derribó 40 edificios y mató a 100 personas en CDMX (Verdad a medias)

Incluso asumiendo que la primera parte de la afirmación es cierta, la siguiente parte de la misma no está siendo comparada, de manera que un lector no podría saber si eso es, para un sismo diez veces menor, relativamente un gran daño. Para saberlo deberían de compararlo con el de 1985. Aunque las fuentes varían, se calcula que en el 85 murieron casi 10 mil personas y se derrumbaron aproximadamente 400 construcciones. El daño estimado promedio para 2017 sería de mil personas y 40 construcciones. De acuerdo con la información disponible, a la fecha, se estima que murieron 148 personas y se derrumbaron 38 inmuebles. Es decir, la cantidad de edificios si corresponde con el de un sismo de esa intensidad, mientras que el número de fallecidos fue considerablemente menor que el calculado con base en el 85.

3.- “En 32 años no aprendimos un carajo” (Totalmente falso)

A partir de entonces se crearon los planes de emergencia, se crearon fondos para desastres naturales, se revisaron y redactaron nuevos reglamentos de construcción, se crearon los Topos mexicanos. Tanto el gobierno como la sociedad, ahora, estaban mucho mejor preparados para reaccionar ante un sismo. Son muchísimas las lecciones del 85 que el pasado martes demostraron ser bien aprendidas.

4.- No hubo sanciones en el 85 (Verdad a medias)

La tercera afirmación habla sobre la falta de información del 85 acerca de las sanciones para empresas y funcionarios que construyeron los edificios que se derrumbaron. Sin embargo, vale la pena hacer dos aclaraciones. En primer lugar, claramente menciona que buscó reportajes y textos, en ese entonces los medios de difusión eran menos y por lo mismo hubo una menor diversidad. Es muy probable que la mayoría se hayan enfocado en los daños humanos y materiales –“temas taquilleros”-, y no en la transparencia, que ha sido más bien un tema en auge de la última década.  Además, probablemente no hubo castigos porque no hubo violaciones. Precisamente una de las lecciones del terremoto fue la creación de un nuevo reglamento para garantizar que los edificios construidos a partir de entonces fueran más seguros, consideraciones que antes del 85 no se tenían en mente.

5.-“El terremoto mató a pocas personas, la impunidad, a la inmensa mayoría”  (Verdad a medias)

Los siguientes dos párrafos hablan de prácticamente lo mismo. Los edificios derrumbados (y las muertes causadas por esto) son culpa de la corrupción de las autoridades y las empresas, la ignorancia de nosotros, y la impunidad. De otra manera, todo esto se pudo haber evitado.  Como se analizó en el punto 2, los edificios derrumbados fueron poco menos del 10% de los de 1985, a pesar de ello, deberíamos esperar que la cifra fuera mucho menor después de tantos años de preparación y los nuevos reglamentos. Sin embargo, puede haber otras explicaciones alternativas a la corrupción. En primer lugar, muchos de los edificios derrumbados son antiguos, desde antes de 1985, por lo que pudieron ser edificios que sobrevivieron al temblor sin daños estructurales y no hubo necesidad de demolerlos en ese entonces. Evidentemente, construcciones hechas bajo un viejo reglamento de construcción, con una antigüedad de casi cuatro décadas, son más vulnerables ante un sismo como el del martes, pero esto no necesariamente es consecuencia de la corrupción. Lo que habría que revisar son los edificios relativamente nuevos que se derrumbaron.

6.- “El Estado nuevamente falló” (Totalmente falso)

Una de las principales críticas del 85 fue la reacción del gobierno ante la crisis. En ese entonces tuvo que ser la misma sociedad la que se rescatara a sí misma. Pero por mucho que se opongan al gobierno actual, si hay algo que reconocerle es la mejora en su capacidad de respuesta ante emergencias. Empezando porque en el 85, De la Madrid fue apodado el “presidente ausente” en la tragedia por tardar tres días en dirigirse a la nación tras el sismo. En este caso, el presidente no sólo se dirigió a la nación, sino que activó de manera inmediata el Plan Nacional de Respuesta MX. Este plan fue creado por el gobierno, precisamente para coordinar el trabajo de los diferentes organismos nacionales (Defensa, Marina, Policía Federal, CFE, CONAGUA) y reducir así los tiempos de respuesta y minimizar las posibles pérdidas. El Estado no se vio superado, al contrario, gracias a la cooperación entre los distintos actores gubernamentales y de la sociedad civil, la localización y el rescate de las personas fue mucho más rápido (en el 85 hubo varias personas enterradas durante semanas), la reconexión de servicios fue casi inmediata (agua, electricidad y comunicación tardaron meses en ser reconectados en el 85); la recolección, gestión y control sobre los fondos para reconstrucción y víveres también mejoró considerablemente.

7.- El furor con el que los partidos claman dinero para sus campañas (..) no se compara con el que han solicitado para el desastre (Verdadero, hasta el momento)

Si hay algo de este artículo que es cierto es esto. De hecho, uno de los principales movimientos en redes sociales del último par de días es una demanda ciudadana para que los partidos renuncien a una parte del presupuesto de 30 mil millones de pesos para las elecciones del 2018 y lo utilicen para reconstrucción. Muchas redes difundieron mensajes sobre la negativa de los partidos a renunciar a su presupuesto, escudándose en la Constitución y cómo el hacerlo sería un desvío de recursos. No obstante, parece que el movimiento ha surtido efecto (rompiendo récords en plataformas como Change.org, por ejemplo) y en días pasados el presidente del INE aseguró que ya se ha discutido la propuesta con los partidos y la viabilidad legal, y que todos se mostraron dispuestos a apoyar la iniciativa. En los siguientes días, se verá si estas declaraciones son solo buenos deseos y paliativos electorales o realmente planean apoyar a la reconstrucción del país. Lo que queda claro tanto para ellos como para nosotros es que su respuesta como partidos políticos ante la crisis nacional determinará en gran medida los resultados electorales de 2018.  De haber un solo partido que apoye la iniciativa, es poco probable que los otros la rechacen, pues el costo político sería muy alto; en cambio el “first mover” tendrá la ventaja comparativa respecto a sus adversarios. Es cuestión de tiempo y no tardará mucho, mientras más tarden en decidirse menor será la ganancia (en términos de popularidad) a obtener por apoyar una causa, a la que eventualmente se verán obligados a unirse.

En conclusión, si bien ocurrieron muchas tragedias, éstas no son comparables con las de hace 32 años, incluso para un sismo de una intensidad diez veces menor. Si hay algo por lo que México se ha caracterizado a nivel internacional es por su capacidad de respuesta y recuperación ante estos eventos desafortunados. Lo que nos toca hacer ahora es reconstruirnos y hacerlo bien. Garantizar que las nuevas construcciones respeten los reglamentos, que los edificios dañados no se conserven poniendo en riesgo a las personas; que los recursos prometidos sean otorgados y que estos sean bien empleados.

MBA Arturo Ávila Anaya