El PRD rumbo a 2018

El panorama no es el más prometedor para el Partido de la Revolución Democrática (PRD) de cara a las elecciones presidenciales de 2018. En 2016 bajó en las preferencias electorales hasta posicionarse como la cuarta fuerza política del país, detrás del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), partido con menos tres años de formación. La encuesta más reciente de intención de voto del periódico Reforma de enero de 2017 pone al PRD con 10% de intención de intención de voto, por detrás de Morena con 27%, el PAN con 24%, y el PRI con 17%.

Alrededor de 90 millones de mexicanos tendrán posibilidad de votar en las elecciones de 2018. Si se repite la tasa de participación  registrada en los comicios de 2012 (63.08%), cerca de 56 millones de votos serán depositados en las urnas. Se espera que muchos de éstos se vuelvan votos castigo contra el PRI.

En los últimos años, los principales partidos políticos han mostrado un voto duro, nada fácil de arrebatar.  El voto duro del PRI es de aproximadamente 10 millones de votantes, esta fue la cifra que obtuvo, en la elección presidencial de 2006, cuando Roberto Madrazo se presentó a la contienda presidencial. Si esto se agregan sus potenciales aliados, el Partido Verde y Nueva Alianza, esto la cifra se ampliaría a 14 millones. El voto duro del PAN es de cerca de ocho millones de votos, y el de la izquierda como propuesta política es de cerca de 10 millones de votos.  El total de voto duro para las elecciones presidenciales es de 32 millones.

La batalla importante estará centrada en el voto independiente de aproximadamente 24 millones de electores restantes, que representarían alrededor de 43% de quienes irán a votarán el 3 de junio de 2018. El objetivo del PRD será capitalizar ese voto independiente y volátil, ahora como cuarta fuerza política y con escasas posibilidades de hacerse con la Presidencia si decide ir solo.

El PRD aliancista

La izquierda mexicana, caracterizada por una constante fragmentación, ha sufrido una muy importante desde la creación de Morena, que también implicó ruptura de la figura emblemática de Andrés Manuel López Obrador con el PRD, que desde entonces ha disminuido su presencia en el país.

Hoy el PRD y Morena, partidos que dicen abanderar la izquierda mexicana, tienen estrategias y ambiciones diametralmente distintas. Mientras Morena le apuesta al voto ciudadano, los perredistas, a las alianzas, principalmente con el PAN.

Las especulaciones de una unión de izquierda mexicana entre el PRD y Morena para buscar la presidencia en 2018 han sido puestas sobre la mesa, aunque se presumen demasiado optimistas. Divisiones entre ambos partidos y agendas políticas distintas son las causantes de que no se concrete una alianza que aumentaría las posibilidades de la izquierda para hacerse del poder en las elecciones federales de 2018.

Estado de México, Nayarit y Coahuila renovarán gubernaturas, y Veracruz ayuntamientos en 2017. A principio de año los dirigentes nacionales tanto del PAN y como del PRD se mostraron en favor de una posible coalición. Una apuesta que lucía atractiva para ambas partes, mismas que con dicha fórmula lograron derrotar al PRI en las elecciones estatales de Veracruz, Durango y Quintana Roo de 2016, pero que, en esta ocasión, probó ser más difícil de lo planeado.

En los comicios más representativos de 2017, aquellos  del Estado de México, un par de horas antes de que venciera el plazo de selección de candidatos, líderes de ambos partidos anunciaron que la alianza prevista no fue concretada, y por tanto no se logró un acuerdo para postular un candidato en común como próximo gobernador de la entidad. Es el mismo caso para Coahuila, que tampoco nunca ha habido alternancia (el Ejecutivo estatal ha estado siempre ocupado por militantes del PRI), y donde también se frustró la alianza PRD-PAN. Sin embargo, el PRD y el PAN no han roto del todo de cara a los comicios de 2017, siendo así que la dirigencia partidista de ambos institutos ha dejado abierta la posibilidad de una alianza en Nayarit.

Asegurando el triunfo de su bastión

Existe la posibilidad de una alianza particularmente atractiva entre el partido del sol azteca y el blanquiazul para 2018, para frenar el avance de Morena en la Ciudad de México, donde se espera que los dos partidos políticos podrían sumar sus fuerzas de nuevo.

De acuerdo con los registros de intención de voto, la única oportunidad de triunfo del PRD en la Ciudad sería con el apoyo del PAN, la tercera fuerza política en la entidad. De no concretarse, por primera vez desde 1997, los amarillos difícilmente permanecerán al frente del gobierno capitalinato.

Morena ha tenido un éxito sin precedentes en la Ciudad de México, basta revisar los resultados de los comicios de 2016 y de la elección de los integrantes de la Asamblea Constituyente, donde se aprecia una caída de votos del PRD y el paralelo crecimiento de Morena.  Reforma publicó en abril de 2016 que Morena tiene 30% de las preferencias del electorado capitalino, el PRD el 20% y el PAN 15%. Los morenistas lideran por márgenes que podrían revertirse si el PRD sumara sus votos como aliado del PAN.

De conformarse dicha alianza, el PRD se encontraría mejor posicionado para elegir el candidato a la jefatura de gobierno. Ello si es que se logra consolidar previamente un acuerdo entre las corrientes internas del partido, y ya con la personalidad definida, lograr acuerdos que sostengan una potencial alianza con el PAN.

Y aún así, de formarse la alianza con un candidato adecuado que represente de manera efectiva tanto al PRD como al PAN, la victoria no estará automáticamente asegurada. Existe el riesgo de que parte del voto duro del PRD y del PAN, se abstenga de votar por una alianza de esta naturaleza, que implica la unión de dos grupos políticos ideológicamente distintos.

El panismo por su parte, con 24% de intención de voto, de acuerdo con la encuesta mencionada previamente, está lejos de alcanzar 34% del total de los votos emitidos que obtuvo en 2000 cuando Vicente Fox se hizo de la Presidencia de la República. No obstante, podría sumar al menos 10% de voto duro a la posible alianza que se genere con el PRD.

Un acuerdo viable, que aun depende de muchos factores, es que para 2018 se establezca una alianza PRD-PAN tanto para las elecciones locales como federales, en la que el PRD defina el candidato a Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, y el candidato presidencial sea elegido desde las filas del PAN.

 

Ambigüedad en la candidatura

El político mejor posicionado de cara a buscar la presidencia y quien ha mostrado su deseo de contender, es Miguel Ángel Mancera, actual Jefe de Gobierno de la Ciudad de México. También se rumoran como posibles candidatos a su antecesor, Marcelo Ebrard, Andrés Manuel López Obrador, en una improbable alianza PRD-Morena, además de Graco Ramírez, gobernador de Morelos desde 2012, y Silvano Aureoles Conejo, gobernador de Michoacán desde 2015.

La situación del PRD es atípica Mancera, el candidato mejor posicionado de cara a las elecciones presidenciales de 2018, no es miembro activo del partido postulante, eso abre la posibilidad de que represente a un partido distinto o que lo haga como independiente.

De ser este el caso, Aureoles, quien que milita en el partido, aparece como la segunda mejor opción como candidato presidencial del PRD para 2018. Ello, sin tomar en cuenta el desgaste mediático en el que podría incurrir si se siguen cuestionando su incapacidad para frenar la violencia en Michoacán, además de las constantes acusaciones de pagos a la prensa local para su difusión personal.

 

El dilema entre el pragmatismo y la identidad

El PRD es un partido cuyo provenir es incierto. Su base militante se fracturó desde la salida de López Obrador y la creación de Morena, e ideológicamente su postura como agrupación de izquierda se ha visto comprometida tras las alianzas electorales realizadas con el PAN, catalogado como partido de derecha.

Los amarillos más pragmáticos justifican esta “corrupción ideológica” argumentando que las alianzas de 2016 fueron estratégicas y que gracias a ellas se pudo sacar al PRI de los gobiernos de Veracruz, Durango y Quintana Roo. Sin embargo, a juicio del electorado y especialistas, dicha victoria no fue completa ni equitativa, pues el gran ganador de esa alianza fue el PAN, mientras que los perredistas quedaron como acompañantes a la hora recolectar los triunfos.

A ello habría que agregar que el partido no cuenta ya con figuras de liderazgo que antaño dieron mucha fuerza y exposición como Cuauhtémoc Cárdenas, considerado como líder moral del partido, o Andrés Manuel López Obrador, Jefe de Gobierno de la Ciudad de México y candidato a la presidencia en 2006 y 2012.

Ante ese incierto escenario, y una constante pérdida de presencia a nivel nacional, la última estrategia del PRD ha sido la de retomar el discurso que, en sus inicios, le valió el apoyo de la población que apunta hacia el compromiso con la redistribución y la atención a los extractos más bajos de la población, capitalizando el descontento generalizado con el incremento de los precios del combustible.

Para mantenerse vigente, el PRD debe repensar sus posibilidades electorales. Para incrementar su base de votantes y poder de negociación política, el partido necesita retomar credibilidad en el discurso y en su gestión como partido en el poder, basta hacer mención a la administración perredista en Guerrero y en Michoacán, entidades con críticos problemas en materia de transparencia e inseguridad.

El pragmatismo que ha llevado al PRD a unir fuerzas con la derecha, no va en sintonía con su discurso político. El partido deberá tomar una apuesta: apelar a su identidad, o al pragmatismo de las alianzas. Si decide continuar concretando alianzas con partidos considerados de derecha aumentará sus posibilidades drásticamente de hacerse del poder en 2018 (ahora como acompañante), aunque puede recuperar su identidad, retomar el discurso, y alejarse, aunque sea en 2018 de la presidencia nacional, pero con miras a tomar un papel más significativo en 2024.