La crisis del PRD

La cercanía de las elecciones presidenciales de 2018 y la consolidación de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) como el candidato con mayor posibilidad de ganar las próximas elecciones presidenciales, ha provocado una serie de cambios al interior de los partidos de izquierda, principalmente del PRD. De acuerdo con las últimas encuestas, AMLO lidera las preferencias electorales con porcentajes de entre 30 y 36% seguido por Margarita Zavala del PAN con una diferencia de 8 y 14%.

Los expertos consultados por B Analytics pronosticaron desde hace 6 meses, la posibilidad de que la izquierda compitiera a través de dos candidatos: Miguel Ángel Mancera por el PRD y AMLO por MORENA; y no de manera unida, como se presenció en elecciones pasadas.

Con el anuncio en 2012 de la renuncia de AMLO al PRD para dedicarse a la fundación de su propio partido, Morena, aunado al descontento de los votantes ante medidas impopulares como el “gasolinazo,” o los escándalos de corrupción al interior del Gobierno Federal, el electorado ve en AMLO una opción de cambio real.

Para ganar una elección no basta con liderar las preferencias del electorado, sino que se requiere también de una fuerte estructura territorial que promueva el voto por parte de los partidos. Naturalmente, el PRD con el paso de los años, ha consolidado una red partidaria que se apoya en los gobiernos estatales y municipales que ha gestionado. En repetidas ocasiones se ha documentado la participación de gobiernos del PRD en contiendas electorales como también se le ha señalado al PRI y al PAN.

Hasta hace unos años, la estructura territorial del PRD no era comparable con la de MORENA. Hoy, a menos de dos años de la próxima elección, ese escenario es completamente distinto.

MORENA no sólo ha crecido considerablemente desde su fundación, sino que se ha convertido en un partido altamente competitivo y que se ha posicionado en varios estados como una de las tres principales fuerzas políticas. Aunado a esto, la renuncia de importantes miembros del PRD para incorporarse a Morena hace inevitable lo que muchos analistas anunciaban: el desgaste del PRD.

Algunos de los nombres más importantes que han renunciado al PRD son Cuauhtémoc Cárdenas, tres veces candidato presidencial y fundador del partido; Marcelo Ebrard, ex jefe de gobierno de la Ciudad de México; Mario Delgado, actual senador; Zoé Robledo y Armando Ríos Piter, ambos senadores. Éste último permanecerá como independiente y no se afiliará a MORENA como lo anunció su compañero Zoé Robledo.

Aunque el PRD mantiene una fuerte presencia política en varias entidades federativas, la realidad es que este partido no ha logrado consolidarse como oposición. La participación de los legisladores en proyectos de unidad como el Pacto con México, mismo que enmarcó la aprobación de las reformas estructurales propuestas por el presidente Enrique Peña Nieto, rompió con los paradigmas y estatutos ideológicos con los que el PRD ha operado desde su fundación.

El acercamiento del PRD con el Gobierno Federal desde el inicio de la actual administración ha generado un gran descontento entre sus militantes, principalmente entre sus más grandes operadores políticos. La lista de cada uno de los miembros que han renunciado al PRD responde a motivaciones distintas entre sí, pero que encuentran en común la erosión del PRD como un instituto político con capacidad de materializar una alternativa al actual régimen en el gobierno.

El fenómeno de cambio de partido no sólo ha caracterizado al PRD, sino también al PRI en entidades como Chihuahua, Tamaulipas, Veracruz y Durango principalmente por dos razones: enemistad con el PAN o una traición al interior del partido como lo anunció Salvador García en su columna semanal de El Universal.

La renuncia de varios de sus miembros muestra a un instituto político en crisis y en el que muchos de sus militantes, ya sea por conveniencia, o por un descontento genuino, buscan una alternativa política que permita cumplir las aspiraciones de sus cuadros políticos. Ante esta serie de cambios atípicos entre los militantes de los partidos de izquierda, AMLO tiene dos alternativas: 1) aceptar a los antiguos militantes del PRD y capitalizar su apoyo y recursos; 2) rechazarlos y mantener la unidad de aquellos que han permanecido con él desde el principio.

Ante el escenario favorable para AMLO en los últimos meses, se prevé que éste se incline por la primera opción, pues probablemente sea su última oportunidad para convertirse en Presidente y requerirá de todo el apoyo posible. Si MORENA se sigue consolidando como el partido de izquierda con mayor fuerza política, no sólo es posible que AMLO gane la elección presidencial, sino que arrebate importantes territorios locales como alcaldías, diputaciones locales y gubernaturas al PRI y PAN.

Finalmente, una de las posibles lecturas que se puede hacer de la renuncia de militantes del PRD, así como de otros partidos, es que el sistema de partidos políticos en México se ha sufrido un importante desgaste. Aunque el crecimiento de MORENA como partido de oposición se debe a cuestiones coyunturales, es deseable que AMLO apoye reformas al sistema de partidos que tengan por alternativas la participación de la ciudadanía, el combate a la corrupción y la aprobación de exorbitantes presupuestos para las campañas políticas.