Morena y AMLO vigentes para 2018

El 2018 será un año crucial para Morena, será la primera vez que el partido contienda en unas elecciones presidenciales. Su líder lo tiene claro, e irá por el premio mayor: la Presidencia de la República. Para lograrlo tiene la estrategia definida: apuesta al voto ciudadano y posiciona al partido como la opción contra el status quo. Todo parece indicar que Andrés Manuel López Obrador, fundador de Morena, será el candidato del partido de cara a 2018.

La salida de López Obrador del Partido de la Revolución Democrática (PRD), a inicios de 2013, significó la ruptura de una izquierda, ya fracturada, y el comienzo del declive del poder de partido del sol azteca. El tabasqueño materializó en Morena una estructura vertical, sin oposiciones internas, dejando atrás un PRD dividido por las derrotas de 2006 y 2012, y fragmentado por ambiciones contrapuestas entre sus corrientes internas.

López Obrador tomó con Morena un segundo aire, y hoy no solo continúa siendo uno de los líderes políticos más emblemáticos del país, sino que las posibilidades de que sea el candidato de Morena a la Presidencia son muy altas, al igual que aquellas de convertiste en el próximo Ejecutivo Federal. Actualmente, Morena se sitúa como primera opción en intención de voto con 3% porcentuales por encima de su más cercano perseguidor, el PAN.

Para esta elección, López Obrador tiene una ventaja sobre sus principales adversarios (PAN, PRI y PRD), y es que actualmente es el único candidato que se presume seguro de los partidos contendientes. Esto significa una ventaja comparativa, porque puede desde ahora diseñar la estrategia que habrá de seguir durante los próximos meses.

Irían sin alianzas

El dirigente nacional de Morena ha reiterado que participará en solitario en las próximas elecciones presidenciales, bajo el argumento de que al partido le alcanzan los votos para ganar la contienda. Así, Morena es el único partido llamado “grande” que ha declarado su deseo de competir aislado del juego de bloques, para presentarse ante el electorado como el único partido independiente.

Parte del discurso lopezobradorista reside en mostrar a Morena como un partido con una agenda propia, en contraposición a la clase política tradicional. Bajo esta lógica, el líder del partido justifica su política de aislamiento al no considerar una alianza con otros partidos. En ese sentido ha acuñado términos como el “PRIAN,” o la “mafia en el poder,” a fin de diferenciarse de los líderes opositores, creando así un “ellos” y un “yo”.

Su posicionamiento con respecto a las alianzas es un desafío al modus operandi de la política tradicional. Morena dice estar en una alianza con la ciudadanía compuesta por militantes de todos los partidos que quieran sumarse a su proyecto político, exenta de coaliciones con las dirigencias de las principales fuerzas políticas. No obstante, la estructura de Morena bajo la figura del líder tabasqueño, se presume ser aliada de organizaciones como la CNTE y lo que queda del SME.

Apuesta

La popularidad de López Obrador suele ir a la inversa de los índices de aprobación de Enrique Peña Nieto por representar un posicionamiento diametralmente distinto, en lo particular, en relación con las reformas estructurales impulsadas por el actual mandatario priista. El líder de Morena se ha pronunciado en más de una ocasión en contra la privatización de Pemex, y su discurso se escucha con mayor fuerza con las crisis institucionales o económicas que ha experimentado el gobierno en turno.

El curso que tome la economía mexicana en los próximos meses será vital para las aspiraciones políticas de Morena como propuesta política. El más beneficiado de las medidas impopulares conocidas como “el gasolinazo” implementadas por el PRI en el contexto de la reforma energética fue Morena, que en diciembre 2016, gozaba de 22% de las preferencias electorales, y para enero de 2017 logró subir hasta 27%, pasando a ser la primera fuerza política de México.

Ante el impacto en la economía familiar del “gasolinazo” a millones de mexicanos, las clases populares ven en López Obrador, al personaje político que velará por sus intereses, pues en más de una ocasión ha resaltado su intención de cuidar a los desfavorecidos y desentendidos del actual sistema político. Si bien, en el contexto del “gasolinazo” de enero, López Obrador rechazó que busque capitalizar políticamente el malestar de los ciudadanos por el alza al precio de los combustibles, si ha hecho patente su intención de revertir la Reforma Energética, impulsada por el actual mandatario una vez que se siente en la silla presidencial. El discurso es incluso más simple, López Obrador promete revertir la “privatización” de Pemex una vez que esté en Los Pinos.

La desintegración del PRD suma votos potenciales para Morena. El escenario ideal para la actual primera fuerza política del país sería que la minoría del PRD terminaría siendo parte de una controvertida alianza con el PAN para 2018, y que el voto duro del partido se uniera a las filas de Morena bajo el liderazgo del tabasqueño.

 

Nueva estrategia en medios

El 7 de diciembre de 2016, en el noticiero matutino de Televisa, Carlos Loret de Mola entrevistó a López Obrador. El tabasqueño tenía años de no asistir a la televisora, a la que había acusado de constantes ataques hacia su persona, así como la parcialidad de la cadena para posicionar a candidatos de su elección.

Se esperaban cuestionamientos, y hasta, una confrontación entre el conductor y el líder de Morena, no obstante, se vio una entrevista más tranquila de lo que se esperaba, y la opinión pública advirtió que el conductor y la televisora no fueron tan severos como solían serlo. No se descarta que esto fuera una estrategia calculada por Televisa, que en medio de una importante crisis financiera, invitó al político más mediático del país para levantar su audiencia y sumar puntos a fin de revertir también su crisis de legitimidad.

López Obrador se mostró sereno y sensato en cadena nacional. Eludió cualquier tipo de provocaciones y no se enganchó con ninguno de los periodistas. Sobre el por qué no quería debatir con los líderes del PRI y el PAN, Enrique Ochoa y Ricardo Anaya, el tabasqueño argumentó que con quien quiere debatir es con Carlos Salinas de Gortari y no con sus subordinados, entendiendo que no debe desgastarse mediáticamente a menos de año y medio de las elecciones presidenciales.

Con la entrevista, López Obrador demostró entender, que aún en crisis, las televisoras nacionales pueden reconfigurar el escenario político en México e impulsar y denostar a los candidatos presidenciales, por lo que conviene tenerlas como un aliado en el mejor de los casos.

Lo declarado por López Obrador en Televisa representa un cambio de actitud y nueva estrategia que manda un mensaje renovado a la sociedad. López Obrador intenta mostrar que de ahora en adelante actuará, ya no sólo como aspirante, sino que busca que el electorado lo perciba como el nuevo presidente de los mexicanos.

AMLO: camaleónico y vigente

En la figura y discurso de López Obrador está la contrapropuesta más visible de las políticas globalizadoras y neoliberales que ha seguido México en los últimos años. Él mantiene un mensaje vigente que continúa haciendo eco en México al argumentar que los altos niveles de producción mexicanos no se han expresado en una reducción significativa de la desigualdad y de la pobreza en el país.

No existe un argumento simplista que explique por qué este personaje político siga teniendo tanta fuerza en la política nacional. Su discurso ha sido bien recibido entre los extractos socioeconómicos más bajos cuando predica la idea de la necesidad de una nueva repartición. López Obrador representa, entre otras cosas, la decepción en México por la aplicación de políticas en favor de la economía de liberalización mercado respaldadas por Washington.

El tabasqueño ha demostrado una capacidad sin igual para atraer y esperanzar a la vasta clase popular de este país. Se dice desapegado de las cosas materiales, y aunque a sus allegados los han sorprendido en actos de corrupción, no se han demostrado en él intenciones de convertirse en multimillonario.

El discurso redistributivo de López Obrador no se encuentra en el centro de su crítica, sino que se cuestiona que los remedios a los problemas que él señala sean realmente viables. Sus críticos argumentan que su retórica suele apelar a los sentimientos, y que no es articulado ni analítico.  La oposición, por su parte, lo tilda de populista, argumentando que sus “antídotos” no solo son incorrectos, sino imposibles.

Por otra parte, López Obrador no ha estado exento de críticas hacia su persona, en particular, diversos medios apuntan que se ha beneficiado del sistema político, que él mismo que ha criticado, y ha permitido corrupción durante su gestión como Jefe de Gobierno del Distrito Federal.

Su paso por cuatro partidos políticos (PRI, PRD, PT y Morena) ha dado cabida cuestionamientos sobre su ambición de llegar al poder como sea, y ponerse por encima del partido (se le cuestiona no apoyar el proyecto de Marcelo Ebrard como candidato perredista a la Presidencia en 2012, aun cuando contaba con mayores posibilidades de llegar a Los Pinos que él). Finalmente, su capacidad y disposición al diálogo se han puesto en tela de juicio, primero, por su intolerancia a ideologías distintas a la suya y segundo, por su incapacidad y falta de preparación para defender sus argumentos articulada y contundentemente.

Tras más de una década en campaña presidencial, el líder de Morena, con objeto de deslindarse como una simple figura de oposición, ha decidido esbozar sus “propuestas” como Presidente de la República para su posible administración que empezaría 2018. Durante un discurso pronunciado el 20 de noviembre de 2016 en el marco del II Congreso Nacional Extraordinario de Morena, el tabasqueño expuso 50 “lineamientos básicos” de su “Proyecto Alternativo de Nación 2018-2014”.

Todo parece indicar que el líder de Morena ha dado retoque a su estrategia con respecto a sus intentos anteriores, sin embargo, esencialmente su propuesta, su discurso, y su base dura de simpatizantes permanece sin cambios. López Obrador cuenta como sus principales activos, al deterioro de la situación económica, de la clase política tradicional, y a la fragmentación del PRD, sin embargo, tendrá el reto titánico de presentarse como una opción con propuestas realizables y con capacidad, liderazgo y credibilidad para gobernar a México.